jueves, 20 de marzo de 2014

¿Tendría noches más claras un planeta que estuviera cerca del centro de la galaxia?


Es la traducción de una indagación múltiple con respuestas encontrada hace unos cuatro años en un sitio de la Universidad de Cornell (http://curious.astro.cornell.edu/) donde los astrónomos responden preguntas.  En los cúmulos globulares la situación de hacinamiento es parecida y resultaba aquí oportuno agregar algo sobre ellos luego de las respuestas.

 

 

He leído que las estrellas en el núcleo de la Vía Láctea están más cerca la una de la otra de lo que lo están "por acá afuera" en los brazos de la espiral.  (1) ¿Es eso cierto?  (2) Si lo es, ¿sería teóricamente  posible que hubiera un planeta con noches más claras que las nuestras debido a las estrellas relativamente cercanas?  (3)  ¿Además, ¿estaría dicho planeta sometido a un nivel de radiación mayor debido a esas estrellas cercanas?  Sé que no se sabe mucho sobre las estrellas que están muy lejos de nosotros en el núcleo, pero esas son apenas preguntas teóricas que requieren respuestas meramente teóricas.

(1)  Sí, es cierto.

(2)  Sí.  Un planeta hipotético cercano al centro de la galaxia tendría inevitablemente noches más claras que las nuestras.

(3)  Sí.  Por estar las estrellas más amontonadas el planeta recibiría más radiación nociva de las estrellas cercanas.  Además tendría que soportar cosas más destructivas como las explosiones de supernovas en el vecindario.  Por eso algunos creen que sería muy difícil que hubiera vida cerca del centro de la galaxia.


 

Los cúmulos estelares son de dos tipos --"galácticos" (o "abiertos") y "globulares"--, ambos de los cuales existen en la Vía Láctea.  Los primeros pueden tener desde un centenar de estrellas hasta unas dos mil, o un poco más, mientras que los otros forman esferas densas de lo que puede ser hasta un millón de ellas y donde la distancia promedio entre una y otra es de apenas una décima de año luz, por lo que se podría expresar esas distancias interestelares más cómodamente en días o semanas luz en vez de años luz.  ("Próxima del Centauro" o "Alfa del Centauro", la estrella más brillante de dicha constelación, es la más cercana a nosotros y está a 4,3 años luz.)

Es en los globulares donde el amontonamiento es como en el vecindario del centro de una galaxia y donde en los planetas tampoco habría noches como las terrestres, suponiendo que los  hubiera, porque la presencia gravitatoriamente perturbadora de las muchas estrellas cercanas haría imposible que pudiera haber uno con una órbita estable.  Por esa misma razón las estrellas terminan por dispersarse y el eventualmente el cúmulo se deshace.  En el disco de una galaxia  todo se mueve en la misma dirección, como si fuera parte del mismo desfile, pero en un cúmulo globular hay un caos de órbitas, todas con un centro común, sí, pero cuyos planos orbitales son diversos, como con las órbitas de los electrones en el modelo planetario sencillo del átomo de Bohr que fue sustituido por uno más complejo.   

Según el informe sobre los cúmulos estelares de la McGraw-Hill Encyclopedia of Science and Technology, en el centro de uno como 47 Tucanae, el cúmulo globular más grande y brillante después de Omega Centauri, la luz estelar sería como la de varios miles de lunas llenas…¡qué ho-RROR!

Debe tenerse presente que aun en el caso de los cúmulos globulares las distancias interestelares son tan grandes en comparación con el tamaño de las estrellas que también en su centro el espacio está bastante vacío.  Es cierto que los impactos entre dos estrellas son mucho más probables --uno cada diez mil años aproximadamente--, pero si dos cúmulos se encontraran y se interpenetraran no habría necesariamente colisiones.  Sería como dos bandadas de palomas que se encontraran en pleno vuelo y se mezclaran momentáneamente sin que ninguna de ellas chocara contra otra y cayera a tierra.   

En esas condiciones de deslumbramiento permanente nada podría saberse acerca del Universo más allá del cúmulo.  Esto recuerda la situación hipotética concebida por Eddington. 

Hace 50 años [el libro es del '78] Sir Arthur Eddington, un astrónomo británico, se imaginó a los habitantes de un planeta de cielo íntegramente nublado en el que las nubes densas perennes habrían impedido que los científicos supieran que existían estrellas.  No obstante, con fundamento en las leyes de la física, podrían deducir que unas esferas gaseosas con masas en cierto intervalo a lo largo de la gama de masas serían moldeadas por la gravedad y se contraerían hasta que comenzaran a brillar.  Imagínense su júbilo, escribió Eddington, si algún día sus nubes pudieran ser retiradas y estos investigadores teóricos pudieran ver las hermosas estrellas cuya existencia habían predicho.  Nos apresuramos a señalar que esta historia exige que los científicos de ese planeta con una cobertura nubosa inamovible conozcan las leyes de la física.  En nuestro propio planeta el estudio de las estrellas ha sido de una ayuda enorme en el desarrollo de esas leyes, ya que los objetos astronómicos que vemos en el cielo suministran un laboratorio de observaciones libre de factores molestos como la fricción y las corrientes de aire que complican los experimentos en los laboratorios en la Tierra.  (Esto es un pasaje tomado y traducido del texto University Astronomy de Pasachoff, p. 16.  Se lo incluye aquí, no sólo porque complementa el tema sino también por su carácter [involuntariamente] poético.)

     

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